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REFORMA FISCAL Vs. REPATRIACION DE UTILIDADES
Periódico HOY Las condiciones más expeditas para que las corporaciones de las naciones desarrolladas llenen sus redes con los mejores peces o activos, es cuando los países subdesarrollados tienen sus mares revueltos. Cuando las aguas están tranquilas, ¿quién genera las turbulencias económicas y luego impone la disciplina y los ajuste para apaciguar el vendaval garantizando las redes y los peces? ¿Acaso lo hace el Fondo Monetario Internacional (FMI)? Crear las condiciones factibles a fin de lograr objetivos específicos para quien se trabaja, se conoce como buena gestión de planeamiento. La reforma fiscal es una imposición del FMI al gobierno, como prerequisito para la entrada en vigencia del Acuerdo de Libre Comercio de los Estados Unidos con Centroamérica y la República Dominicana (DR-CAFTA). ¿A quiénes favorece la reforma fiscal y el DR-CAFTA? Ya sea como fue introducida por el gobierno o con algunas modificaciones, la reforma fiscal será aprobada en los términos que convenga a los intereses que representa el FMI, sin importar el impacto negativo y la anarquía que pueda provocar en la economía doméstica de las familias que conforman la sociedad militante de pobreza. ¿Podrán nuestros legisladores equilibrar la carga? ¿Son las cámaras legislativas parte de la Dictadura del Consenso? Lo son por razones de circunstancias y garantía del estatus. Y actúan entre las cuerdas de una cartelera pancrancista. A fin de evitar frustraciones con los esquemas que nos sirven como "desarrollo para el bienestar de todos", los dominicanos, debemos tener claro la realidad de los paradigmas. Recordemos que el DR-CAFTA es un mecanismo de origen inglés, concebido para permitir solamente el exclusivo libre comercio de los rubros agropecuarios y las mercaderías producidas por las corporaciones de los Estados Unidos, Inglaterra y Canadá que se establecen en los diferentes países mediante el sistema concesionario "datierra". Con todas las facilidades para producir y exportar. Muchas con exenciones fiscales y discrecionales mecanismos para repatriar las utilidades. Es así, como se han convertido en "milagros económicos" las "mini- repúblicas" o principados que hacen frontera terrestre con la República Dominicana. El crecimiento económico que produce la industria turística y de zona franca es real, pero irreverentemente dramático y excluyente para los dominicanos. La cacareada bonanza de progreso y riqueza de esas actividades no llega a las zonas de exclusión donde habita la mano de obra que utilizan. Les pagan con pesos para que les alcance a cubrir la diaria movilidad desde la fábrica hasta su zona de marginalidad. Y el grueso de divisas la retornan "a casa" con las utilidades. Un modelo y contraste característico del proceso de sudafricanización del país. El exuberante progreso que se construye en un lado, es directamente proporcional al engrandecimiento del hoyo de la miseria que se produce en el otro. De ahí, entre otras causas, la advertencia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): "Sí el turismo no se modifica se agota". En el Informe Nacional de Desarrollo Humano República Dominicana 2005, realizado por el PNUD, se exponen elocuentes verdades, certeros enfoques de la realidad social, económica, y algunas de las causas que provocan que cada día crezca más la pobreza. Es un informe maravilloso. Pero el diagnóstico, no alcanza el grado de la excelencia porque se omite el efecto empobrecedor que representa para el país la inmensa repatriación de utilidades de las corporaciones extranjeras. La Ley 861 del 1978 sólo permitía a las corporaciones extranjeras remesar parte de sus utilidades hacia el exterior siempre que no excediera el 18% de su inversión registrada. Como una exigencia de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe dicha ley fue modificada. Mediante la Ley 138 de junio del 1983, se incrementó el porcentaje de repatriación a un 25%. No obstante el porcentaje consignado en la ley, las desproporcionadas repatriaciones de divisas mediante múltiples mecanismos se fueron convirtiendo en ilimitadas. Un trabajo periodístico publicado en el periódico Hoy el 22 de agosto del 2002 revela que la repatriación de utilidades de las empresas extranjeras en el 2000 y el 2001 duplicaron lo que el país pagó por el compromiso de la deuda externa en esos años. ¿Cuál es actualmente el porcentaje permitido para la repatriación de utilidades? ¿Quién le pone cascabel a ese gato? Mientras por un lado se pretende gravar los ahorros personales de los dominicanos, por el otro, las empresas extranjeras repatrian "sin arrugas" más de 1,500 millones de dólares de sus utilidades. El presidente de la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados, Marino Collante, ha pedido al gobierno que le ayude a identificar otras fuentes impositivas que sean menos atacadas por la población y que garantice al gobierno compensar los recursos que dejará de recibir por el desmonte arancelario y la eliminación de la comisión cambiaria. Según la publicación referida del periódico Hoy, "la repatriación de utilidades alcanzó 1,131 millones de dólares en el 2000 y 1,172 millones de dólares en el 2001... Con perspectivas de superar 1,300 millones de dólares en el 2002". Aunque no tenemos disponible los montos del 2003 y 2004, se puede apreciar que las proyecciones de la repatriación de divisas son cada año superar al precedente. Si el comportamiento de la proyección se ha mantenido, en el 2005 se repatriarían alrededor de 1,500 millones de dólares "sin arrugas". ¿Qué por ciento sobre esa cantidad sale sin identificar? En la actualidad, 1,500 millones de dólares a la tasa del 30 por 1 son 45 mil millones de pesos. Sobrepasa en mucho los aproximadamente 32 millones que el gobierno dejaría de percibir por el desmonte arancelario y la eliminación de la comisión cambiaría. Duplica las reservas liquidas del Banco Central. Y es mayor que el déficit cuasifiscal. Según calificados economistas, a veces, el gobierno para pagar el servicio de la deuda o importar los combustibles derivados del petróleo tiene que acudir al mercado de divisas. Si en verdad se quiere presentar una reforma fiscal consensuada sustentada en la equidad, el verdadero pacto fiscal sería que el gobierno, los legisladores, el Buró de la Dictadura del Consenso, regulen convenientemente la repatriación de utilidades. Al mismo tiempo, compensen por esa vía parte de los ingresos que dejaría de percibir el gobierno. Y alivien los pesados fardos impositivos que recaen sobre la espalda de la clase media y la sociedad militante de pobreza.
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